El Rey Troll: Ilustración de David Arenas y avance

Los enanos están de moda gracias a las películas de El Hobbit. La adaptación a la gran pantalla llevada por Peter Jackson ha suscitado una gran admiración hacia un pueblo que, si bien Tolkien lo dotó de cierta relevancia, siempre ha sido objeto de burlas y sufriendo el ninguneo de algunos autores que, utilizándolos como elemento cómico, le ha arrebatado el orgullo, el honor y la gloria a un pueblo que bien la merece.

Cuando decidí escribir El Legado de la Profecía tenía una cosa clara: mis enanos no iban a ser objeto de burlas ni chistes fáciles. Tenía que dejar claro que, pese a ser una raza golpeada por los infortunios y las dificultades, darían mucho juego y serían tan respetados por sus aliados como temidos por sus enemigos. Posiblemente, esto queda muy bien reflejado en El Último Aullido, el tercer libro quepondrá fin a la saga y que podréis leer muy pronto, donde los enanos han de enfrentarse a los más terribles peligros. Y concretamente uno de esos momentos donde lo demuestran es en el capítulo El Rey Troll.

Disfruté tanto escribiendo esta historia que, cuando mi buen amigo el ilustrador David AP, me propuso hacer un ilustración basada en ELDLP no dudé en que debía ser esta. Poco puedo decir de esta maravilla que se ha marcado en tiempo recórd, salvo que ha capturado perfectamente la esencia no solo del capítulo en sí sino de toda la saga. Una pasada que demuestra el talento y el saber hacer de este paisano fuenlabreño con el que he compartido muchos momentos, y espero seguir haciéndolos.

No me enrollo más. Os dejo con su ilustración y con un fragmento de El Rey Troll, un avance de lo que encontraréis en El Último Aullido.






"De pronto, un terrorífico gruñido hizo retumbar las paredes de piedra de la montaña. Un rugido que heló la sangre de los enanos. Un rugido capaz de acallar la cacofonía de voces de los trasgos y hobotrasgos. Glósur y Sorian se intercambiaron una mirada que dejaba claro que aquello no les gustaba nada. Casi sin atreverse, volvieron a asomarse, intentando encontrar a quien había emitido aquel sonido tan terrorífico.
   Y allí estaba, abriéndose paso entre aquella marabunta de infectas criaturas. Era un troll, de eso no cabía duda, pero era tan portentosamente grande que hasta un troll común resultaría pequeño a su lado. Tenía unas fauces enormes, con largos colmillos como dagas y dientes afilados que sobresalían grotescamente de sus mandíbulas. Sus brazos eran gruesos como dos troncos de árbol, y sus poderosas manos arrastraban una maza del tamaño de un orco bruno bien fornido. Sobre sus hombros, y a modo de capa, llevaba un raído estandarte enano cuya enseña pertenecía al desaparecido clan de los Fazdehierro.
   –Así que la leyenda era cierta –farfulló Glósur, que no salía de su asombro–.  El Rey Troll existe. Brúrthrog es real.
   Hasta los enanos que solo podían presumir de un pequeño bozo en la cara, habían oído la historia de quien era conocido como la Tristeza de Barud Düm. A los jóvenes imberbes se les asustaba con aquella historia, a la que muchos consideraban un cuento de viejas matronas enanas, que contaba cómo en las profundidades de la montaña, allá donde ningún minero enano se aventuraba a profundizar más con su pico, moraba un ser cuya maldad tan solo era comparable con su tamaño. Una criatura tan cruel y poderosa que fue capaz de someter a todos los trasgos, orcos y hobotrasgos que asentaban en las proximidades de sus dominios. Esa criatura era Brúrthrog, el Rey Troll. Quien asoló el pueblo de los Fazdehierro y acabó con la vida de su archienemigo, el rey de clan Thrógir, y de todo su clan. Ahora, aquella bestia ávida de sangre de la que hablaban las leyendas, estaba allí, delante de sus ojos.
   –¡Que me aspen y me arranquen la barba de cuajo! –Exclamó Sorian retirándose de la abertura–.  ¿Cómo podremos liberarlos? Esa bestia fue la causante de la aniquilación de todo un clan.
   Glósur no podía apartar la vista de aquella grotesca mole de músculos. Apartaba a los hobotrasgos como el que espantaba moscas, y estos parecían corderitos asustados frente a la figura del Rey Troll. En combate debía ser un adversario terrible y muy difícil de vencer.
   –Necesitaremos una distracción –reflexionó Glósur, mientras sus ojos buscaban con ansiedad algo con lo que provocarla–.  No podemos enfrentarnos abiertamente a ellos.
   –¿Y cómo lo haremos? –preguntó Sorian.
   Glósur fue a responder, pero los súbitos gritos y gruñidos de aquella congregación de enemigos le hizo guardar silencio. Aquellas bestias coreaban el nombre de su líder mientras este parecía pavonearse, levantando la descomunal maza con ambas manos por encima de su cabeza. Todos parecían haber entrado en un estado de excitación que no hacían presagiar nada bueno.
   –¡Traed ante mí a aquel que me ha desafiado! –tronó la gutural y rasposa voz Brúrthrog, al tiempo que dejaba caer la cabeza de piedra de la maza al suelo, haciendo que temblaran las paredes de piedra de la montaña.
   Los hobotrasgos se acercaron a las jaulas donde permanecían los enanos cautivos, entre vítores y exabruptos, y sacaron a rastras a Násur. El joven rey enano forcejeaba e insultaba a sus custodios, hasta que fue arrojado a los pies del enorme ogro, el cual le dirigió una mirada llena de desprecio, como el que mira a un insecto antes de aplastarlo.
   –Así que eres tú quien me reta a un combate singular –dijo Brúrthrog, escupiendo cada palabra–.  El gran Násur, hijo del rey Bain. ¿Sabes que tu padre me arrebató una buena porción de mis territorios? Acabó con la vida de muchos de mis súbditos. Claro que nosotros también nos llevamos algunas barbas de recuerdo.
   Násur no cayó en la provocación, ni siquiera cuando los congregados estallaron en risas. Firme e inmóvil, le mantenía la mirada al Rey Troll.
   –¿Qué demandarás si vences? –volvió a burlarse.
   –Libertad para mí y mis camaradas –contestó con determinación Násur–.  Tus esbirros deberán prometer no atacar si caes. Nos dejarán marchar sin más.
   Las monstruosas risas volvieron a inundar el lugar.
   –Dadle un hacha a este héroe."

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Sobre Abel Murillo

Abel Murillo.
Presidente de la Asociación Cultural Lupus in Fabula (@AC_LiF).
Organizador del Festival de Fantasía de Fuenlabrada (@FFF_Fuenlabrada).
Autor del Legado de la Profecía (@LegadoProfecía).
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