El Legado de la Profecía: homenaje sincero al género fantástico





Hace unos meses me hicieron una entrevista en el programa de radio El Búnker Z, donde desgranamos muchas cosas sobre la saga. Sobra decir lo bien que me lo pasé junto con Ángel y Sara, mis anfitriones , los cuales se marcaron una entrevista muy entretenida y distendida que os animo a escuchar. Pero no voy a hablar de dicha entrevista, simplemente me servirá de entrada para hablar de lo que realmente hoy van a tratar las siguientes líneas.

Y es que, tanto Ángel como Sara, dos chicos despiertos y veteranos en esto de la fantasía, definieron mis novelas como “un festival de referencias”. Una definición harto acertada, desde luego, pues siempre que he sido preguntado al respecto he tratado de describir El Legado de la Profecía como ese homenaje al género utilizando diferentes elementos de las obras que más me han marcado. Dibujos animados, películas, series, juegos de rol y, por supuesto, libros. Y creo haber acertado. Cuando un lector me escribe un mail o me manda un mensaje para ir señalando los guiños que hago a esas obras me hace una ilusión tremenda. Veo que he compartido las mismas lecturas, que he vivido las mismas aventuras y que he tenido una infancia muy semejante a la de otros y que,  aun sin conocernos, hemos estado unidos por medio de un género que nos ha hecho un poco más felices, por qué no decirlo. Y, aunque sé que las voces críticas que se alzan contra mí me tachan de poca originalidad, me siento muy feliz de saber que hay gente que comprende el verdadero propósito de la obra, que no es otro que dar las gracias y retrotraer a quienes se acerquen a ella a esa época en la que disfrutábamos con estas aventuras, con estas dragonadas.

Así pues, hoy me gustaría recordar algunas de las más claras influencias y referencias que aparecen en El Legado de la Profecía. Espero que los amigos lectores hayan reconocido algunas a medida que iban leyendo. Entremos pues en materia:



Dragones y Mazmorras.

 
La infancia es una época llena de magia en nuestras vidas, y todo aquello que nos rodea nos acaba influyendo de un modo u otro. Estaba claro que, estrenando esta serie a mediados de los ochenta, Dragones y Mazmorras iba a suponer el verdadero inicio de todo. Las aventuras de ese grupo de amigos que, tras haberse montado en una atracción cuyo nombre es el mismo que el de la serie, viven mil aventuras en un mundo fantástico, lleno de seres extraños, buscando el camino que los lleve de regreso a su casa, acompañados de los sabios consejos del Amo del Calabozo y luchando sin descanso contra el maléfico Venger. La serie jamás ha dejado de gustarme, incluso hoy, con casi 35 años, sigo viéndola y pensando que tuve mucha suerte de poderla ver en aquel momento tan maravilloso como es la niñez. ¡Tanto me impactó la serie que hasta la compré en DVD! A día de hoy, comparto esos momentos junto con mi hijo.

Masters del Universo.



¿Qué humano de treinta años para arriba no recuerda a los Masters del Universo? Durante más de una década, estos fabulosos juguetes hicieron las delicias de millones de niños en todo el mundo. Yo fui de esos afortunados que tuvo una gran colección de estas figuras de acción, llegando a poseer casi 40 muñecos, tres castillos y algún vehículo de todo. Para ensalzar aún más mi hype de niño fantasioso, también había una serie de dibujos animados y hasta llegaron a hacer una película (conservad el maravilloso recuerdo de peques y no volváis a verla ahora de adultos, por favor) de imagen real, protagonizada por Dolph Lundgred. Si alguno de vosotros no ha gritado aquello de “¡YO TENGO EL PODER!”  que empiece a asumir que no ha tenido infancia. Y es que no había nada más épico que los continuos enfrentamientos entre He-Man, el hombre más poderoso del universo, y su némesis Skeletor, quien pretendía dominar Eternia y conseguir los secretos que albergaba en su interior el Castillo de Grayskull.

Star Wars.


No son pocas las veces que he viajado a esa galaxia muy, muy lejana, tanto siendo pequeño como de mayor. El tío Lucas nos ha ofrecido a varias generaciones incontables horas de entretenimiento y épica con su saga galáctica, tanto con la trilogía original como con la injustamente denostada trilogía de principios de este este siglo y que narra el origen de uno de los mejores villanos que ha habido y habrá: Darth Vader. No solo me cautivó s toque de ciencia-ficción, sino la historia de los Jedi, esos samuráis que empuñan sables láser y que dominan la fuerza, encarnando valores que son aplicables a todas y cada una de las grandes obras del género. Sus personajes, sus entornos, sus criaturas… En mi memoria guardo a fuego secuencias que, para mí, son de lo mejor que ha dado el cine.

El Señor de los Anillos.


Si un escritor de fantasía clásica te dice que Tolkien no le ha influido, te está mintiendo descaradamente. Yo considero ESDLA como la biblia de la fantasía, con todos mis respetos para el resto de autores y creativos, y sigue teniendo algo, pese a tener sesenta años, que le hace especial, única incluso. El Hobbit fue la primera novela que leí de este mítico escritor y la primera novela que leía de fantasía. Cambió mi vida, ya lo he dicho muchas veces, y gracias a ella estoy escribiendo estas líneas. Con El Señor de los Anillos aprendí muchas cosas, valores que se han ido repitiendo, de un modo u otro, en cada novela nueva que leo. Un clásico imperecedero que, junto con las fabulosas adaptaciones cinematográficas que firmó Peter Jackson, hizo que muchos frikis salieran del armario.

 Warhammer Fantasy.


El mítico juego de rol/estrategia de miniaturas fantásticas bebe directamente de fuentes como ESDLA y D&D (Dungeons & Dragons), de modo que solo era cuestión de tiempo que me atrapase. Desde hace más de 15 años colecciono y pinto figuras de Warhammer, un hobby que sigue apasionándome y con el que disfruto en mi cada vez más escaso tiempo libre. Tiene un trasfondo muy rico, con unas historias geniales de todas y cada una de las razas que pueblan su vasto universo. Sus personajes son toda una referencia clara a los míos y sus estrategias de juego se plasman en los combates que se suceden en las páginas de mis libros.

Crónicas de la Dragonlance.


Una vez devoré la obra de Tolkien me acerqué, casi por casualidad, a esta saga de los años ochenta, ávido de saciar mi sed de aventuras y personajes míticos. Y así llegué a estas novelas de Hickman y Weis, que me ofrecían más elfos, más magia, más criaturas asombrosas y más épica. Para muchos se trata de una obra desfasada y menor, pero yo recuerdo la fiebre que se desató cuando era adolescente gracias a estas novelas, de las que muchos reniegan. ¿Quién se atrevería a negar que Raistlin no es uno de los mejores personajes jamás creados para la fantasía? Y es que fue esta saga la que consiguió acuñar el término dragonada, a veces usado peyorativamente, para referirse a este tipo de literatura. A mí, particularmente, me encantó y eso se nota desde las primeras páginas de ELDLP. Es más, tengo pendiente una relectura de ella.

Canción de Hielo y Fuego.


Antes de que la fiebre de Juego de Tronos invadiese los hogares y de que Martin decidiera castigarnos con dos libros carentes de sustancia y llenos de paja (Festín de Cuervos y Danza de Dragones), existían tres libros que dieron la vuelta al concepto de fantasía, demostrando que el género no tenía porqué considerarse infantil o acotado solo para frikis. Esta saga supuso un cambio en la mentalidad de muchos y soplo de aire fresco a una fantasía que amenazaba con estancarse en la repetición, con más o menos éxito, de los mismos temas, las mismas criaturas y las mismas historias. Fue un bofetón para todos aquellos que nos aproximamos a estos libros a ciegas, sin tener referencia de ningún tipo y sin apenas expectativas. CDHYF me dio una sorpresa y sacudió todo lo que había aprendido sobre la fantasía para mostrarme un camino nuevo. Tramas enrevesadas y personajes inmensos hacen de esta obra un referente y un espejo donde muchos quieren mirarse. Esperemos que el autor nos ofrezca un final digno de sus primeros libros… Y que lo haga rápido, a ser posible.

Hay muchas otras obras que me han influido (La Rueda del Tiempo, El Elfo Oscuro, Añoranzas y Pesares, Elric de Melniboné, Excalibur…), pero he considerado justo no aburriros con una entrada interminable y he querido señalar los que, en mi vida, han resultado más destacables. Puede que en un próximo post hablemos de las que se quedan en el tintero ;-)
 

Compartir en Google +

Sobre Abel Murillo

Abel Murillo.
Presidente de la Asociación Cultural Lupus in Fabula (@AC_LiF).
Organizador del Festival de Fantasía de Fuenlabrada (@FFF_Fuenlabrada).
Autor del Legado de la Profecía (@LegadoProfecía).
    Comentarios de Blogger

3 comentarios:

  1. ¡Hola! Me ha gustado un montón esta entrada. Creo que en muchas cosas de las que has contado me he sentido identificado porque yo mismo fue de esos que nacieron con Dragones y mazmorras, se enriqueció con Star Wars, y que descubrió a una edad temprana ESDLA (yo lo primero que leí de Tolkien fue La Comunidad del Anillo porque mi madre era cliente de círculo de lectores y lo había comprado) y, más tarde, Dragonlance. De mi infancia, en mi caso, creo que también tendría que destacar la saga de Dragon Ball y Dragon Ball Z como inspiradores de mi persona.

    Lo que dices en el apartado de ESDLA es muy cierto porque es muy raro que alguien que escriba fantasía no se esté mínimamente influenciado por la obra de Tolkien. Cuando varia gente nos dice a Susana y a mí que lo que estamos escribiendo de Las Espadas de Eda tiene mucho de Tolkien, no lo negamos, sino que lo reafirmamos (y en nuestro caso aún peor porque todo empezó como un juego de rol interpretativo sobre el mundo de Tolkien). No es nada malo reconocer lo que te inspira y menos aún querer darle un reconocimiento a todo aquello que te ha influido al escribes.

    Y ya por último felicitarte por la pasión que pones en lo que escribes. Suerte con el tercer libro. ¡Saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por tus palabras, Sergio. La verdad es que mi obra fue, es y será un homenaje al género, a todas estas obras que tanto se reflejan en mis páginas.
      Quizá no sea original, lo admito, pero era lo que me apetecía y lo que me pedía el cuerpo.
      Es mi particular forma de decirle a la fantasía: "GRACIAS".

      Eliminar
  2. A todo esto soy Sergio S. Azor, que nunca sé con qué cuenta estoy logueado en blogger jaja

    ResponderEliminar