¿Dónde están los Gaiman y Martin españoles?


En estas últimas semanas, llevo observando una pequeña polémica en la red que ha acabado por trascender más de lo meramente anecdótico. Primero fueron ciertas voces que acusaban a ciertos premios de un sistema de votos obsoleto donde los premiados siempre eran los mismos, tan solo había que mover bien las fichas y, lejos del nivel de la obra, el galardón estaba asegurado. Después, vinieron las listas de ventas de un par de librerías españolas donde tan solo dos escritores patrios aparecían en ellas. Las redes sociales han hervido con comentarios, estados y demás espectáculos esperpénticos a los que ya nos tienen demasiado acostumbrados. Todo se resume en una sola pregunta: ¿tienen los escritores españoles tanto talento y calidad como los extranjeros? Si la respuesta es afirmativa, se plantea otra cuestión más. ¿Dónde están los Gaiman, Abercrombie, Sanderson o Martin españoles?

Mucho se ha discutido sobre ello, encontrando opiniones de todo los tipos. Obviamente siempre habra detractores, aquellos que tengan muy claro que no hay nivel en España para medirnos con las grandes figuras del género mundial. Supongo que estas personas se reducirán a un grupúsculo que, seguramente, lea poca fantasía de este país. Los que tengan, por el contrario, un mínimo de interés y hayan leído las obras de aquí, sabrán que no deberíamos envidiar nada a lo que viene de fuera. Entonces, ¿por qué ese supuesto fracaso en las ventas? ¿Por qué no destacan nuestros autores? Hoy trataré a analizar los diferentes puntos que frenan o condicionan nuestro avance. A continuación, los iré numerando:

- Nuestro pasado. La gente cuando quiere es muy olvidadiza. Resulta que siempre tenemos muy presente los estragos que tanto la guerra civil como la dictadura hicieron sobre los vencidos y los caídos, pero no analizamos las consecuencias de aquellos hechos en la sociedad del momento y en el legado que esta no ha dejado en la actualidad. Tres largos años de guerra fratricida más treinta de férrea dictadura frena, se quiera o no, la necesidad de culturizarse por las necesidades más básicas. Mientras que en países más civilizados sus autores comenzaban a escribir (si no lo habían hecho ya) sus primeras obras, algunas de las cuales hoy en día se cuentan entre los clásicos básicos del género, aquí nos quitábamos, con perdón de la expresión, el hambre a hostias. Ventaja pues para los foráneos. Es imposible competir directamente con países que ya conocían lo que era un juego de rol, un libro de fantasía y unas reuniones de artistas y creativos, cuyo fin era aprender, mejorar y seguir cultivándose. ¿Os imagináis qué hubiera sucedido si alguno de esos grandes maestros, por mala fortuna, hubieran nacido en este nuestro país, en plena dictadura, y hubiese pretendido publicar y reunirse con otros artistas? Os diré el resultado: la censura hubiese tirado la obra a la pira y esas reuniones hubiesen sido disueltas por los grises a palos, aplicando leyes como la de vagos y maleantes, por poner un ejemplo. No podemos pretender alcanzar a esos autores, cuyos países fomentaban la cultura, la creatividad y el pensamiento, cuando aquí nos fomentaban la incultura y la ignorancia (¿o lo siguen haciendo?).

- Nuestra sociedad. De aquellos lodos vinieron estos barros, como se suele decir. Este punto es una consecuencia del anterior. Siempre hemos sido un país que ha vivido a remolque de los demás, destacando en todo lo que no hay que destacar y siendo los primeros en aquello por lo que no te puedes enorgullecer. Si durante años hemos vivido una época donde sobrevivir, en su significado más crudo, era la prioridad, ¿cuántas generaciones creéis que han de pasar para que alcancemos el nivel cultural de otros lugares? Tened en cuenta que en muchos hogares de la España profunda no habían visto un libro salvo los de la escuela, y teniendo en cuenta el índice de fracaso escolar que siempre hemos tenido... En fin, que llevamos tras nosotros muchas generaciones de no lectores y eso pesa. Es difícil poder triunfar en un país que, aunque la lenta tendencia sea a ir sumando, no se lee ni se fomenta la lectura. Esto se acaba reflejando en las ventas, en la ausencia de ferias o congresos para escritores, lectores y creativos, la no apuesta por iniciativas que ayuden a desarrollar la creatividad... ¿Acaso un escritor de aquí puede desarrollarse con la misma facilidad que un extranjero, al que en su país sí que le fortalecen esas bases? Volvamos al punto anterior: no podemos avanzar en unos pocos años lo que otros llevan perfeccionando desde hace décadas.

- Nuestra marginalidad. La fantasía y sus variantes son un género marginal y despreciado por muchos lectores y gente perteneciente a la denominada clase intelectual de este país. Hemos mencionado que en España se lee poco, y lo poco que se lee no es fantasía, ni ciencia-ficción. Ni siquiera el terror, aunque ahora estén muy de moda los zombies, se lleva el gato al agua. Los prejuicios hacia el género hacen que los pocos lectores que posee nuestra tierra se decanten por otro tipo de libros, que van desde los thrillers, las biografías, la novela histórica, la romántica/erótica, la poesía... Esa llaga que tiene la fantasía como lectura para frikis y críos es muy difícil de superar, incluso con la ayuda de series como Juego de Tronos y películas como las adaptaciones de El Señor de los Anillos o El Hobbit. Es más, puede que anime a ciertos lectores a aproximarse a estas lecturas, pero una mayoría se quedarán en ellas y solo un puñado de ellos querrán continuar indagando con más obras del género. Es el poder de gafapastismo propio de un país plagado de complejos que no quiere superar.

- Nuestra impaciencia. España es un país cortoplacista y que exige resultados inmediatos, y no solo con la literatura sino con todo. Os podré dos ejemplos muy diferentes para que veáis a qué me refiero. El primero es un símil futbolístico. El Real Madrid, sin ir más lejos, es un club que gasta miles de millones en fichajes, mayoritariamente extranjeros, para conseguir títulos y resultados inmediatos (es decir, en ese año). Esta política impide a los muchachos que vienen de categorías inferiores avanzar y progresar, ya que siempre hay un nombre consagrado que brilla más que el suyo. No se tiene paciencia para darles minutos, para dejar que se equivoquen y fallen un pase o un gol cantado. Y no es solo culpa del equipo técnico, también los aficionados son los que exigen a un recién ascendido de categoría que pugne por el puesto a una estrella mediática y futbolística. Puede que ese chaval, al que su propia casa le está frenando el progreso, acabe siendo muy superior técnicamente que el otro jugador (de hecho, algunos al salir de ese equipo lo han demostrado triunfando fuera), pero no tenemos paciencia para esperar a que despunte. Y lo mismo sucede con la economía del país. ¿Qué ha pasado con la burbuja inmobiliaria? ¿Por qué nos hemos apoyado en ella durante años? ¿Por qué en este país ha golpeado con más fuerza la crisis? Por eso mismo, amigos: por no querer invertir en futuro, apretando el cinturón para invertir en I+D y derrochando millones en algo que daba beneficios a corto plazo, de manera rápida. Y aquellos que abandonaron sus estudios, excusándose en que ganaban mucho dinero trabajando en una obra mientras otros estudiabamos, les ha sucedido lo mismo. Resultados rápidos y efímeros. Por eso mismo, un escritor que está ahora empezando no tiene margen de maniobra ni de error. Los lectores, los otros escritores y el fandom en general le esperan con palos y piedras para lapidarle en sus titubeantes comienzos. ¿Acaso ese escritor, al que muchos tildan de poco original, de no escribir demasiado bien, o de tener una obra plagada de estereotipos y tópicos, no podría llegar a algo más con paciencia y ayuda? Seguro que sí, pero nuestra impaciencia nos pide que lo bueno llegue YA. Un nivel de exigencia muy dañino y equivocado.

- Nuestras editoriales. Afortunadamente, no todas entran en este saco, pero sí existe una gran mayoría de editoriales que no apuestan de verdad por los autores que engrosan sus filas. Negocios tan sórdidos como la coedición han hecho que muchos autores busquen el camino de la autoedición antes que presentar un manuscrito que lo valoran por el dinero que tienes en el bolsillo. Siempre se ha dicho que no todo lo publicado es de buena calidad (como sucede lo mismo en el sector indie) y cada vez se mira con más desconfianza la portada de un libro cuyo autor tiene nombre español. ¿Será porque realmente es tan bueno como para ser publicado o, por el contrario, su autor ha pagado una cantidad acordada con tal de ver su obra impresa en papel? ¿Me darán gato por liebre? No nos engañemos, cuesta mucho trabajo comprar un libro físico (a veces hasta el digital) de un autor del que nunca has escuchado hablar. Lo piensas una y otra vez, y al final acabas dejándolo en la estantería para decantarte por el último de Erikson, autor del que sí has escuchado hablar. Las grandes editoriales publicitan más las obras que llegan de fuera que las de sus escritores autóctonos, condenando a más de uno a considerar su publicación en esa gran editorial (¡qué de libros has leído de ellos a lo largo de tu vida!) como una mera anécdota. Si no apuestan ellos por esas obras, ¿quién lo hará? ¿Quién debe arriesgar con potentes campañas de publicidad, con traducir esos libros para moverlos por el extranjero? ¿Quién debe evolucionar hacia un mercado basado en los contenidos y plataformas digitales, abaratando costes de producción, y renunciando a un negocio que ya casi ni se sostiene? Si quien tiene los medios no se mueve, el escritor está completamente perdido.

- Nuestras comparaciones. Al ser un país acomplejado, solemos compararnos con frecuencia con aquellos a los que envidiamos. Y resulta bastante molesto que sean esos acomplejados y avergonzados quienes acaben midiendo por el mismo rasero a un autor que acaba de empezar con Stephen King, Brandon Sanderson o George R.R. Martin. A ver, creo que en España tenemos otros autores que pueden competir con ellos, tanto en trayectoria como en calidad. Y cito a Javier Negrete, Carlos Sisí, Félix J. Palma... y un largo etcétera que pueden hablar de tú a tú a los que nos llegan de fuera. Es entre ellos donde debe haber comparaciones, no con los noveles. Olvidáos de ellos y dejadlos crecer tranquilos, que ya habrá tiempo para comparlos con otros que vendrán de fuera dentro de diez o quince años. Ya habéis visto todos los lastres que llevamos arrastrado de antes, no echemos más tierra sobre ellos que bastante tienen con pelear con las condiciones mencionadas más arriba.

- Nuestro fandom. Quizá sea el peor de todos los males que puede haber en este país para un autor. El mundillo en el que se mezclan críticos (o supuestos críticos), medios de difusión, creativos, aficionados, lectores, empresas, asociaciones... En fin, todo lo que acaba rodeando al género, y que con las redes sociales acaba siendo más evidente y perjudicial. Escritores que se enzarzan en polémicas absurdas en Facebook o Twitter, llegando incluso a la descalificación personal (dejando de un lado la obra), no es la manera más seria y profesional de presentar nuestros credenciales. ¿Cómo van a tomarnos en serio si, en lugar de invertir nuestro tiempo en crear, crecer y mejorar, lo perdemos en dar la nota en la red de redes? Yo he sido testigo de algunas de estas escenas circenses donde los escritores dejan de serlo para disfrazarse de payasos, y lamento ser tan duro. He sentido vergüenza al ver a algunos noveles dedicar más tiempo a colgar estados pasivo-agresivos en sus muros que en corregir las erratas de sus obras (algunas publicadas). Pero, ¡cuidado!, que algunos con cierto nombre no se quedan atrás. Ataques absurdos de editoriales a autopublicados, de indies a editoriales, de lectores hacia escritores y viceversa, de creativos entre creativos... Es difícil querer seguir un camino donde sabes que que tendrás que avanzar apartando amargados de todo tipo que lo único que buscan en hacer daño y no aportar nada que sirva para que crezcas, tanto en lo creativo como en lo profesional. Mucha gente con talento se quedará en la mitad por culpa de toda esta tormenta que parece no querer calmarse. Y es que somos pocos... y los pocos que somos estamos siempre divididos.

Como podéis observar, son muchas las causas que nos impiden hallar o crear al Martin, Gaiman, Moore, Erikson, etc... español. Muchos los condicionantes que nos frenan cuando deberíamos estar manteniendo la velocidad y disfrutando del paisaje. Sí, ya sé que muchos dirán que, además de lo mencionado, los escritores mencionados disponen de todo el tiempo del mundo para crear y crecer, que viven de ello y nosotros no. Bueno, hay escritores españoles que viven de sus letras, no lo olvidéis, pero si además consiguiéramos superar los puntos que he ido enumerando, habría muchos más. Quizá ese sea el camino a seguir para que uno destaque y saque al resto del fandom... perdón, quería decir fango. Dejemos de mirar a otros y de buscar culpables más allá, y ejerzamos con valor la autocrítica para limpiar primero nuestra casa. En este mundo caótico que nos ha tocado vivir sería la opción más sensata.
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Sobre Abel Murillo

Abel Murillo.
Presidente de la Asociación Cultural Lupus in Fabula (@AC_LiF).
Organizador del Festival de Fantasía de Fuenlabrada (@FFF_Fuenlabrada).
Autor del Legado de la Profecía (@LegadoProfecía).
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20 comentarios:

  1. Muy interesante tu punto de vista, bien argumentado y expuesto. Todavía no he valorado hasta qué punto estoy de acuerdo, pero desde luego me has hecho reflexionar sobre ello. Y es que cuando uno grita como un troll de las cavernas, por mucho que su discurso pueda contener pinceladas de verdad, los demás tendemos a taparnos los oídos.
    Creo que sí, que puede ser una lectura algo incompleta, pero parece que vas bien encaminado.
    Gran entrada, con tu permiso la difundiré.

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    1. Muchas gracias por echarle un ojo a esta humilde opinión. Siempre es bueno saber que hay gente que te lee y que comparte lo que sientes y piensas :-)

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  2. Muy interesante el artículo, exhaustivo y das en el clavo en muchos puntos. Solo comentar dos aspectos que creo que no has incluido en el artículo: la primera es que tanto Inglaterra como Estados Unidos son mucho más grandes que España (sobre todo en el segundo caso), esto ya aumenta el número de escritores potenciales que van a tener. La segunda es que lo que nos llega aquí ya ha sufrido un proceso de criba, lo cual hace parecer que la producción extranjera es mejor, pero no sabemos la cantidad de obras malas que nunca salen de su país de origen.

    Por último, lo del fandom no estoy de acuerdo. Sí que es verdad que aquí somos tal como has descrito, pero eso no quita que en otros lugares sean iguales, si no peores.

    Pero eso, que son solo un par de comentarios, por lo demás me ha gustado el artículo :)

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    1. Muy a tener en cuenta el factor criba, sí señor. Eso es tan evidente que solemos pasarlo por alto, y es determinante a la hora de percibir lo foráneo como mejor.

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    2. Esos dos factores que mencionas (la criba y el territorial) también influyen, desde luego. Lo que pasa es que quería enfocar más mi opinión hacia la autocrítica, hacia lo que nosotros podemos mejorar.
      Tanto EEUU como Inglaterra son países más grandes, y eso no se puede cambiar, y el factor criba es consecuencia de una buena política comercial por parte de las editoriales extranjeras. Contra eso no se puede luchar. Pero sí podemos intentar mejorar lo que depende de nosotros, esa es la verdadera clave.
      Muchas gracias por dedicarle tu tiempo a mi artículo ^^

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    3. En realidad Inglaterra es mucho más pequeño que España, y de hecho España es el DOBLE que Reino Unido (Que engloba Inglaterra, Gales, Irlanda del Norte y Escocia), así que el tamaño en realidad no es. Y en cuanto a población (Que supongo que es a lo que os referís), solo nos sacan unos 5 millones de habitantes (60 tiene España y 65 Reino Unido si no me equivoco). Creo que en este caso, el tamaño no importa, pero desde luego si que influye el número de hablantes. Es más fácil que un escritor de Reino Unido triunfe porque escribe en el mismo idioma que se lee en Estados Unidos, supongo que os referís a eso. Un saludo y buen artículo

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  3. Buen artículo y bien argumentado.

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  4. Si comparamos el panorama español con otros países, la verdad que está muy lejos económicamente, competitivamente y profesionalmente. Como en tantas cosas, están a la cola de Europa. Para mi personalmente me sirvió de muestra que en la última World Fantasy Convention solo había un agente/editor español y ningún escritor (yo solo fui de oyente) - ¿tiene que ver esta ausencia con la calidad de lo hasta ahora escrito? ¿o es un problema del lenguaje? Al ver autores franceses, alemanes y hasta chinos traducidos, me temo que es lo primero. Eso si, soy positivo de que de toda esta vorágine saldrán buenos escritores y mejores editoriales.

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    1. Bueno,yo hablo del fandom español porque es el que nos toca, el que hay que hay que mejorar y criticar desde el respeto. Lo que ocurra en los mundillos extranjeros, siempre que no me aporten nada bueno (ideas, creatividad, mejora) no me interesa, la verdad.
      Muchas gracias por pasarte por aquí y leerme :-)

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  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  6. También me gustaría apuntar, a título personal, que yo no creo en el fandom. No es que reniegue de él, como dicen por ahí que hacemos muchos autores. Es que para mí era algo que no había escuchado ni mencionar hace apenas un par de años, cuando publiqué mi primera novela. Será porque me mantengo al margen, porque no soy de meterme en grupos, foros o similares, para departir sobre mis intereses con personas de gustos afines. Puedo hacerlo de forma puntual, pero no es mi dinámica habitual.
    Lo que tengo muy claro es que la gente que va a las librerías a comprar lo que les apetece leer tampoco saben, en su mayoría, qué es el fandom, ni les importa, como no lo sabía yo hasta hace bien poco. Y claro que era lector de Poe, Lovecraft, King, Barker, Martínez Biurrun, Somoza o Miguel Aguerralde, por citar algunos, aunque también lo era de muchos otros autores que no son de género, con lo que me identifico todavía menos con lo que significa ese término.
    Por supuesto, existe, y como comenté en una ocasión, es muy posible que pasase a formar parte de él sin ni siquiera saberlo. Pero no lo tengo nunca presente porque escribo para que alguien pille mi libro en la tienda y se lo lleve, pertenezca o no al fandom, sepa o no que algo denominado así existe siquiera.

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    1. Obviamente el denominado fandom es un concepto extraño y abstracto, y no es ni mucho menos el factor más a tener en cuenta. ¿Existe algo llamado fandom? Sí, desde luego. Es minoritario, casi simbólico, pero existe, está ahí y hay gente que pertenece a él de un modo u otro (hablando en líneas generales). Y precisamente porque existe puede hacer daño o ayudar a la causa. En mi opinión, hace más daño que bien.

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    3. En eso quizás discrepo un poco. Ni creo que sea tan minoritario (el hecho de que yo no supiera qué es hasta hace poco solo demuestra mi propia ignorancia, en realidad) ni algo dañino. No si se enfoca de la manera correcta, porque la endogamia no tiene por qué ser una característica del fandom. Es una dinámica en cualquier ámbito de esta vida, pero no una característica distintiva del fandom o aquellos que formamos parte de él (lo descubriéramos antes o después).
      Cuando afirmo que no creo en él (quizás no sea la expresión más acertada) lo digo porque no lo tengo en mente a la hora de crear y porque me interesan muchos otros temas que no tienen nada que ver con el género. Pero en honor a la verdad, todo lo que publiqué hasta la fecha está encuadrado dentro del fandom, eso es una realidad (y ahora lo sé, con lo que tampoco puedo obviarlo).

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  7. Muy buen artículo Abel.
    Me siento en total defensa de los puntos que expones y de lo que habéis estado comentando varias personas. No puedo estar más de acuerdo. Y que en la medida de lo posible respecto al fandon, diría que mejore, que mejore mucho. Soy consciente de las burlas, fanfarronerías y envidias que se popularizan cada día por la red, -que si este autor tal, que si este otro le pica pascual-. Esto, bajo mi humilde pensamiento deteriora más a la figura pública que lanza un nuevo post, un artículo o la última noticia del día. Veo que el fandon se dedica –una minoría- a la mala crítica que a la crítica de auto-comprensión, a lo didáctica y recíproca entre autor-lector y en lo positivo que está debería de ser. No se me confunda el alabar por alabar, a lo que me refiero es que sea más acertada y que apueste más por la divulgación y la enseñanza de nuestra cultura y que para ello, no es necesario desprestigiar a otros, ni mirar la paja en el ojo ajeno. Comparto los siguientes puntos que expones pero ¿Quién se lleva el gato al agua? Ni las editoriales, ni los autores, ni los lectores, pues todos salimos perjudicados. Sólo me queda pensar que es nuestro Estado quien se encarga de hacer que nadie compre nada y de sacrificar a cuantos y tan buenos escritores tenemos.

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  8. Buenos días,

    Un artículo increíble y suscribo los puntos que has tratado y otros que se han expuesto en los comentarios.

    Ivan R.

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  9. La verdad es que he leído muchas cosas acerca de si tal general que se enfrentó a Napoleón y fue derrotado era un "enchufado" del conde de tal, que si a tal marino se le negó un ascenso a almirante por no ser pariente de cual....Vamos, que es histórico que los españoles no solemos casarnos con nadie, a menos que la ganacia sea segura o se trate de un compromiso. Admito que de Gaiman solo he leído un par de cómics, y del otro, que escribió la serie de hielo y fuego, que no he leído ni visto en la tele. Como muchos de vosotros decís, la clave está en no darse por vencido, y seguir escribiendo buenos textos. Tal vez, a muchos autores no se les pueda comparar con Tolkien o estos dos, pero hay que hacer todo lo posible por no acabar arrinconados. Si los editores no aprecian a los autores, que lo hagan los lectores. Hay que propagar las obras por internet, todo lo más posible.

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