Gorin Hijo de Grain

Ilustración de Nacho Tenorio
Gorin es el enano perfecto para definir a su clan, los Rocasangre. Es pendenciero, de modales rudos, aficionado a la comida y la bebida, desconfiado y rencoroso. No obstante, lo compensa con su sentido del honor, su arrojo, su valentía y su lealtad a sus amigos. Es un digno miembro de su clan que ha vivido innumerables aventuras.


Desde siempre, Gorin fue un enano inquieto, propenso a meterse en todo tipo de problemas de los que luego acababa saliendo airoso a base de picardía e ingenio. Su padre era miembro de los Juramentados, la guardia real de los Rocasangres, y combatió en diferentes batallas al lado del mismísimo rey Bain. Para este clan no puede haber más alto honor que servir en tal hélite de soldados y caer en batalla, dando su vida por su pueblo, y Grain deseaba para su hijo la misma vida que él había conseguido. Pero Gorin nunca fue muy amigo de la disciplina y eso le valió para tener más de una discusión con su padre.

Un día, tras intercambiar gritos y reproches con Grain, Gorin decidió marcharse de su hogar y viajar por todos los reinos enanos, dedicándose a dar caza a cualquier ser vil que habitase en las profundidades de la montaña y amenazase la paz de su pueblo. Se convirtió en el azote de trasgos, orcos, trolls; su nombre comenzó a ser conocido  en cada rincón de las tierras enanas, llegando incluso a tener su propia banda de cazadores.

Gorin era conocido por cortar las cabezas de sus enemigos para luego quedarse con el cráneo. Se decía que poseía más de 500 trofeos que lucía en los salones de su casa. No tomaba nada más, dejando que sus muchachos se quedasen con el botín si lo encontraban. Él se conformaba con las cabezas y el pago de quienes alquilaban sus servición.

Un día fue requerido por un gran señor enano Barbablanca para enfrentarse a una tribu de mors, terribles hombres-rata que habitan en los niveles inferiores de los salones enanos, que hostigaban a los suyos. Gorin aceptó sin dudar.

Lo que parecía un encargo sencillo, se convirtió en una misión que se prolongó durante dos largos años de escaramuzas, emboscadas y persecuciones a los mors y a su líder: Kramg el Profanador. Durante este tiempo, el valiente enano sufrió muchas decepciones, ya que el madito hombre-rata consiguió ir acabando uno por uno con todos los miembros de su compañía, llevando al borde de la locura y la desesperación a Gorin, quien ya no perseguía a Kramg por la recompensa prometida, sino por la afrenta y el agravio sufrido. Quería su venganza y nadie podría disuadirlo.

Cuando Gorin consiguió dar muerte a Kramg no hubo oro ni piedras preciosas que pudieran mitigar el dolor que sentía al haber perdido a su grupo en aquella misión. Él casi pierde la vida y no de la manera honorable que se esperaba en un miembro de los Rocasangres. Cansado de aquella vida decidió regresar a su hogar, donde se encontró con la noticia de la muerte de su padre en combate, luchando la lado de su rey, como siempre había hecho, contra una horda de hobotrasgos. El propio Bain le dijo que su padre, pese a las riñas y diferencias de opiniones, siempre se había sentido orgulloso de él, y le pidió que se quedase en Kazhad-Kadrin y honrase la memoria del valiente guerrero que fue.

Desde entonces, Gorin siempre ha permanecido al lado de su clan, y aunque no pertenezca a la la guardia real no duda en acudir a la llamada de su rey para ponerse a su servicio y dar la vida por él si fuese necesario, tal y como hizo antaño su padre.

Compartir en Google +

Sobre Abel Murillo

Abel Murillo.
Presidente de la Asociación Cultural Lupus in Fabula (@AC_LiF).
Organizador del Festival de Fantasía de Fuenlabrada (@FFF_Fuenlabrada).
Autor del Legado de la Profecía (@LegadoProfecía).
    Comentario blogger

0 comentarios:

Publicar un comentario