Dando vida a los personajes: Velthen

Ilustración de Nacho Tenorio

Creo que lo he repetido hasta la saciedad en multitud de ocasiones: la parte con la que más he disfrutado del proceso creativo de la saga ha sido, sin lugar a dudas, dar vida a los personajes. Me resultó sumamente entretenido moldearlos, otorgarles un pasado, un presente y un futuro (en algunos casos demasiado incierto). Siempre que leo me fijo mucho en que los protagonistas de la novela en cuestión tengan un peso específico, una forma de ser, una personalidad en definitiva. Es lo que me engancha, lo que me marca. Es lo que hace que recuerde los nombres de algunos de esos personajes aun cuando pasa mucho tiempo, mientras que otros, quizá por ser demasiado planos, los olvido con facilidad.


Hoy me gustaría hablaros del protagonista de la saga: Velthen, el hijo del herrero de Thondon, la pequeña aldea al noreste de Cáladai que tanta importancia tiene en el primer libro. Para mí crear a Velthen fue todo un desafío, ya que iba a ser el personaje principal de la historia, el héroe. Siempre me ha preocupado que los protagonistas de los libros tiendan a ir en dos direcciones muy diferentes. Yo separo a los héroes de las novelas entre aquellos que solapan al resto de personajes (los que el autor te los inyecta en vena casi por obligación, diciéndote que este personaje es el mejor del mundo mundial), y aquellos héroes que quedan eclipsados por un elenco de secundarios mucho más atractivos y completos que el personaje principal (que tiende a ser predecible, estereotipado y hasta hueco). ¿Qué podía hacer al respecto?

Velthen y Dálfvar por Lorenn Tyr
Lo primero que debía tener claro era qué clase de protagonista quería para mi saga, y afortunadamente no tenía dudas al respecto. Siempre me han gustado los héroes por casualidad, como yo los llamo, aquellos que sin comerlo ni beberlo se ven envueltos en una gran aventura, descubren cosas de su pasado o afrontan el destino para el que han nacido. Siempre me han llamado la atención, aunque sean los más clásicos, los más repetidos y los que más clichés tienen de toda la literatura y el cine. Pues bien, yo quería un clásico. Total, mi obra iba a basarse en los clásicos de la fantasía...

Velthen tenía que ser un personaje lo suficientemente intrascendente en los primeros compases de El Legado de la Profecía como para ser solapado por protagonistas tan carismáticos como Célestor, Mathrenduil, Lánzolt o Ectherien. Es el hijo de un herrero de una aldea pequeña y remota en mitad del monte. ¿Sería creible que ya desde el principio este personaje lograse grandes proezas? No, no lo sería, como tampoco sería justo que este mozalbete veinteañero se impusiera a los grandes señores y guerreros de la Tierra Antigua, personajes con mucho más trasfondo e historia que él.

Sé lo que muchos de mis lectores piensan: Pero, Murillo, Velthen es el protagonista. ¿No crees que le has quitado peso y protagonismo? Y sí, es cierto, en El Lobo Blanco vemos un personaje que no parece enterarse de qué va la historia, a veces resulta hasta exasperante su ingenuidad y hasta su forma de ser. Os confieso que ese era mi objetivo. Como ya os he dicho, divido los héroes entre los que se difuminan y los que ostentan el poder. Yo he querido fusionar todo esto en Velthen. Crear un protagonista que vaya creciendo a medida que el lector avanza en la historia, sutilmente, que cuando llegues al final digas: quién le ha visto y quién le ve.

Velthen de Nacho Tenorio
Velthen tiene un poco de muchos clásicos: de Luke Skywalker, de Eragon, de Jon Nieve, Rand Al'Thor, incluso de Harry Potter. Es una fórmula efectiva, no es original, admitámoslo, pero es la que mejor funciona en este tipo de obras. Un joven de origen humilde con un pasado y un destino que escapan a su propio entendimiento, y que acaba realizando grandes proezas. Sí, ese era el patrón a seguir, el molde que necesitaba.

Quise crear a Velthen no como un héroe, sino como un joven corriente, con una vida normal, hasta aburrida, y cuyas inquietudes le hacen destacar dentro del rutinario mundo de su aldea. Un muchacho que acaba embarcándose en una aventura no porque quisiera vivirla, sino porque le han empujado a ello. Supongo que el objetivo era hacer lo más creible posible su evolución, que el lector centrase más su atención en el resto de personajes que lo rodean y no le prestaran mayor atención. En una guerra todos ponemos los ojos sobre el que viste la armadura, no sobre el que la forja. Ese es el papel de Velthen, solo que poco a poco va ganado su espacio, va definiendo su rol y aceptando el lugar que ocupa en la historia. En el fondo, todos llevamos un Velthen dentro, todos acabamos asumiendo responsabilidades que no queríamos o creíamos no estar preparados. Ya sabéis lo que dicen: empuñar una espada no te hace héroe, lo que logras con ella, sin embargo, sí.
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Sobre Abel Murillo

Abel Murillo.
Presidente de la Asociación Cultural Lupus in Fabula (@AC_LiF).
Organizador del Festival de Fantasía de Fuenlabrada (@FFF_Fuenlabrada).
Autor del Legado de la Profecía (@LegadoProfecía).
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