Fragmentos: Capítulo 12 de El Lobo Blanco

Ilustración de Lorenn Tyr



   Cuando se quiso dar cuenta, ya había dejado su casa bastante atrás, desde la ladera en la que se encontraba la divisaba como una casa minúscula. Su hogar y también su cárcel. ¡Le habían prohibido salir de caza! Le estaban quitando su vía de escape ante la cruda y amarga rutina de la aldea. Sí, la forja le gustaba, y sentía que estaba hecho para el oficio, pero no podía evitar soñar con salir de allí, de aquel ambiente sofocante, casi claustrofóbico que creaba Thondon. ¿Por qué no iba a poder ser un buen herrero en Griäl o en Athaniel? Había más ciudades en Cáladai, no tenía porqué quedarse en la aldea. Cuando fuera tan bueno como su padre, daría el paso que nunca se atrevió dar: Salir en busca de fortuna en alguna capital del reino.

   Caminaba distraído en estos pensamientos, cuando empezó a sentir una presencia. Dio media vuelta y miró a su espalda, pero no había nadie. Continuó andando, aunque seguía con aquella sensación. Se detuvo y observó a su alrededor, en busca de algún indicio de presencia. Nada, estaba solo. ¿O quizá no? Frente a él, había una pequeña agrupación de árboles, pequeño para ser un bosque, pero frondoso como para ocultarse alguien... o algo.
   Velthen contuvo el aliento. Su corazón se aceleró inexplicablemente. ¿Por qué? Estaba solo, no había nadie. Pero sus ojos no podían apartarse de los árboles, como si una presencia atrajera su atención. Y, en efecto, así fue.
   Saliendo del soto, Velthen atinó a distinguir la figura del enorme lobo blanco, el mismo que se encontró en el bosque cuando lo atacaron los trasgos. Sus ojos amarillentos lo miraban con fijeza, mientras se aproximaba a él lentamente. Velthen temió por su vida. Sabía que era absurdo correr, pues el perrazo le daría alcance con facilidad, y más aún ponerse nervioso, ya que decían que las bestias eran capaces de oler el miedo. El joven herrero se sintió vendido a su suerte. Se quedó inmóvil, tenso, observando con precaución los movimientos del lobo, que se acercaba describiendo círculos cada vez más cerrados en torno a él.
   Velthen no apartaba la mirada de los ojos del animal. Había oído decir que era posible someter a una bestia mirándolo directamente a los ojos, transmitirle seguridad, confianza. Desafiarlo y dejarle claro que él era el líder. Pero el lobo era tan orgulloso como él, y no apartaba la vista de Velthen. Al contrario. Seguía observándole, como atraído por el joven, acercándose cada vez más y más.
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Sobre Abel Murillo

Abel Murillo.
Presidente de la Asociación Cultural Lupus in Fabula (@AC_LiF).
Organizador del Festival de Fantasía de Fuenlabrada (@FFF_Fuenlabrada).
Autor del Legado de la Profecía (@LegadoProfecía).
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