Fragmentos: Capítulo 10 de El Lobo Blanco

Ilustración de Lorenn Tyr



   Dirigió su vista hacia un arroyo que fluía en dirección opuesta, seguramente para unirse al río Rívenor. Estaba semiculto por los árboles y vegetación.
    Sobre el riachuelo había un puente, y sobre él estaba Célestor, que miraba a las montañas. Élennen miró a su alrededor, todo el mundo estaba ocupado con la marcha, de modo que se dirigió ahí.
   Élennen se sobrecogió ante la presencia del paladín, que no se había vuelto a mirarla, pese a que la reina no trataba de pasar desapercibida. Se colocó a su derecha y miró en la dirección que apuntaban los ojos de Célestor.
   - ¿Pensabas irte así, sin más? ¿Escabullido entre el viento y las sombras? – la reina de los atelden fue quien rompió el silencio. Célestor no cambió el gesto. Seguía mirando al frente, como hipnotizado por alguna extraordinaria visión.
   - Era mejor así – contestó. – Tu presencia aquí empeora las cosas.
   - Lo único que puede empeorar todo es eludir el destino.
   Célestor bajó la mirada y poso sus ojos en los de Élennen. Era un elfo tan apuesto, con los rasgos marcados de forma sutil. Su aspecto juvenil ocultaba los largos siglos de vida que soportaban los elfos. Pero parecía triste. Élennen lo sabía. Solo se mostraba así con ella.
   - Mi destino huye de mí – dijo el paladín. – Lleva mucho tiempo huyendo, y me he cansado de perseguirlo.
   - Tu tiempo está por llegar, Célestor. Eres el guerrero atelden con más victorias de todos los...
   - ¿De qué me sirven? – la interrumpió. – El triunfo en el campo de batalla no me ha otorgado aquello que más anhelo.
   Élennen se ruborizó un poco. Sintió como aquella fuerza contra la que tanto luchaba aparecía de nuevo. La fuerza que le atraía a Célestor.
   - Si te sirve de aliento, te diré que siempre he pensado que eras tú quien debía sentarse en el trono – apuntó con cierta timidez la reina.
   - No me refería a ser rey de los atelden. Ya tuvimos una guerra por causas parecidas. Thil Ganir es el legítimo monarca del reino de Asuryon. No se admite ninguna duda al respecto, y mucho menos tuyas.
   - No dudo de Thil Ganir ni de su reinado, ya lo sabes. Asumí mi rol como reina con dignidad y honor. No olvides que ya he visto morir a tres reyes antes de desposarme con Thil Ganir.
   - No lo olvido, yo también les vi morir.
   - Pero no puedo ocultar que, tras tantos años y siendo hijo de los primeros reyes, no se te haya propuesto para coronarte.
   Célestor se volvió bruscamente. Élennen sabía que nunca demostró interés por ser rey.
   - Esos asuntos no me preocupan – respondió de manera hosca el paladín. – Soy un guerrero al servicio de los reyes atelden.
   La reina se puso delante de él y le acarició la mejilla y los labios con una mano suave.
   - Para mí eres más que eso.
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Sobre Abel Murillo

Abel Murillo.
Presidente de la Asociación Cultural Lupus in Fabula (@AC_LiF).
Organizador del Festival de Fantasía de Fuenlabrada (@FFF_Fuenlabrada).
Autor del Legado de la Profecía (@LegadoProfecía).
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