Átethor hijo de Átekor

Ilustración de Nacho Tenorio

Los tiempos que le han tocado vivir a Atethor como Señor y Regente del grandioso reino de Cáladai no son precisamente los mejores. Atrás quedaron los día en que, siendo infante, cabalgaba con su padre Atekor demostrando la valía y el honor de la Casa de los Regentes.

 Su señor padre, Atekor hijo de Lúderthor, fue uno de los mejores regentes que Cáladai tuvo. Consiguió restablecer la gloria de tiempos pasados, haciendo olvidar el abuso que otros muchos antiguos miembros de su casa habían cometido contra su pueblo. Incluso hizo olvidar los persistentes rumores acerca de la legitimidad del poder de los regentes, y a aquellos que clamaban por la vuelta del verdadero rey de Cáladai. Pese a todo, siempre se le acusó de ser bastante absolutista y de que no contaba con la opinión de la Cámara de Consejeros, siendo siempre él el que tomaba la última decisión llegando a revocar la de la propia Cámara.

Átethor, Regente y Señor de Cáladai
Fue entonces cuando Cáladai comenzó a dividirse. Algunos aplaudían la forma de obrar del regente Atekor mientras que otros pedían más voz y voto del Consejo. Aquello marcó al joven Atethor, que vivió momentos muy amargos en las calles de Griäl, sufriendo los insultos y acusaciones de los detractores de su padre. A esto había que añadir que mucha gente se declaraba partidaria de los montaraces de Lagoscuro, aquel grupo insurrecto que decían ser los herederos del trono de Cáladai y que tiempo atrás se les declaró como rebeldes y proscritos.

 Mientras todo esto iba aconteciendo, Atekor continuó su labor de protección de se reino, embarcándose en titánicas campañas militares que le llevó a enfrentarse a hordas de krulls, orcos y demás abominaciones más allá de sus propias fronteras. Parecía que quería erradicar el mal de la Tierra Antigua, lo cual no conseguí entender Atethor, que veía inútil el malgastar vidas, dinero y recursos en combatir aquello que no representaba una amenaza inminente contra su pueblo.

Fue en una de esas incursiones donde Imrasel, fiel escudero de su padre, le salvó la vida de una muerte segura a manos de los orcos. Años más tarde, Atethor le recompensaría nombrándole portaestandarte de la Casa de los Regentes y su escolta personal. En cualquier caso, y como no podía ser de otro modo, Atekor murió en el campo de batalla, y fue cuando Atethor tomó posesión de su cargo.

Siendo ya regente, y con los ecos de las críticas que recibió su padre a pesar de todo el bien que hizo a Cáladai, Atethor decidió otorgar más poder a los consejeros y a la Cámara. Dio autonomía de gobierno a los condes de las ciudades e hizo que su puesto en este statu quo fuera más simbólico y representativo que legislador. Aquello atrajo a aduladores, conspiradores y gente que lo único que pretende es sacar su propio beneficio.

 Atethor vive con una venda en los ojos que le impide ver más allá de lo que sus consejeros le cuentan, a base de mentiras endulzadas para que crea que su gestión está siendo mucho mejor que la que llevó su padre. Dejando de lado las campañas militares y abogando por la paz, Atethor parece perdido en una tela de araña de cosnpiraciones que nublan su juicio y empañan la imagen de noble guerrero y señor que un día llegó a ser.

Compartir en Google +

Sobre Abel Murillo

Abel Murillo.
Presidente de la Asociación Cultural Lupus in Fabula (@AC_LiF).
Organizador del Festival de Fantasía de Fuenlabrada (@FFF_Fuenlabrada).
Autor del Legado de la Profecía (@LegadoProfecía).
    Comentarios de Blogger

3 comentarios: