Fragmentos: Capítulo 9 de El Lobo Blanco

Ilustración de Lorenn Tyr
Lánzolt llevaba ya un rato despierto cuando empezó a amanecer. El cielo comenzó a iluminarse con tintes rojos, daba la impresión de que ardía en llamas, como si un poderoso dragón lo hubiera incendiado con su abrasador aliento. El caballero lo miró con orgullo, ese color era propio de su orden. La Orden del Dragón Rojo.
Su atlético y musculoso cuerpo desnudo sintió el roce de los primeros aires que traía el albor, su frescura, su aroma. Le gustaba que el viento le recorriera su desnudez cuando el Sol estaba pronto para reaparecer, para dar su anuncio de que un nuevo día comenzaba. Y aquél iba a ser un día muy largo.
Caminó por su amplia alcoba hasta la ventana. Curiosamente no estaba orientada al oeste, que era donde se situaba la capital de Páravon, Cárason, y donde se podría divisar el resto de la ciudad de Búrdelon, donde Lánzolt vivía. Era la ciudad que su Señor el rey Dúnel le había confiado para regir. La ventana de su dormitorio estaba orientada al este, hacia el reino de Cáladai. Desde ella podía divisar el Bosque Sombrío, y detrás de éste veía la torre de Faern-Ell’as. Aquello pertenecía a la tierra de Olath, deshabitada desde hacía siglos, y cubierta por leyendas, mitos y supersticiones. A veces, Lánzolt se preguntaba quién había construido su castillo y por qué le dio esa orientación a la ventana. La visión del Bosque Sombrío y Olath no era agradable del todo.

- Túmbate a mi lado, caballero del dragón – una voz suave y perezosa que provenía de su cama le hizo regresar de sus pensamientos, - y que tu cuerpo acabe lo que anoche empezó.
Se giró lentamente y contempló la hermosa figura desnuda de su amada Kathline. Su piel morena, su pelo castaño, sus ojos tristes y marrones, sus carnosos labios. ¡Qué belleza tan sensual! La amaba tanto...
- No sabía que lo de anoche te hubiera sabido a poco – dijo Lánzolt, mientras se sentaba a su lado en la cama.
- Nunca es suficiente – dijo ella con una seductora sonrisa, mientra le acariciaba el largo pelo plata al caballero. – Cuando uno monta en un dragón, desea volver a montarlo una y otra vez.
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Sobre Abel Murillo

Abel Murillo.
Presidente de la Asociación Cultural Lupus in Fabula (@AC_LiF).
Organizador del Festival de Fantasía de Fuenlabrada (@FFF_Fuenlabrada).
Autor del Legado de la Profecía (@LegadoProfecía).
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