Sártarón, el Señor del Fin de los Días


Ilustración de Nacho Tenorio

La vida de Sártaron se oculta entre las sombras del misterio. Muy poco se conoce del pasado. Ni quién eran sus padres, ni de dónde vino. Tan sólo se tiene constancia de su existencia cuando el antiguo caudillo Rádor del clan arjón de los adernos le nombra portaestandarte. Es entonces cuando el nombre de Sártaron es escuchado por primera vez.
El belicoso pueblo de los arjones, siempre en guerra entre sus clanes y con los bárbaros borses, forja el carácter militar y estratégico de Sártaron, que destaca por ser un bravo guerrero, siendo el preferido de su caudillo. En nombre del clan de los adernos consigue victorias muy importantes que le hacen ganar fama y prestigio entre los enemigos y los aliados.
Ilustración Nacho Tenorio
Tras la muerte del caudillo aderno Rádor, en circunstancias misteriosas y oscuras, es Sártaron el que reclama para sí el control del clan y de todos sus aliados. Nadie osa interponerse en su camino, pese a que muchos aseguraban que, tras la muerte de Rádor, estaba la mano implacable de Sártaron.
Lejos de traer la paz a su clan, bastante mermado por las continuas batallas, Sártaron decide continuar con su campaña militar, pero en vez de atacar a los clanes arjones más poderos se dedica a hostigar a los más débiles y divididos, aplastando a aquellos que no se unen a su causa y tomando el mando de los que sí que lo hacen. Aunque los otros clanes rivales más poderosos ven como algo indigno el conquistar esas pequeñas tribus y menosprecian el poder de Sártaron, éste consigue reunir un número bastante grande de hombres como para atacar a sus mayores opositores.
Consigue arrasar a los clanes que le presentan batalla, y demuestra clemencia con aquellos que le juran fidelidad. Poco a poco los caudillos de todos los clanes arjones rinden la espada a los pies de su nuevo señor, mientras que otros caen bajo el filo de la suya. El mejor ejemplo de ello es Zárrock, que tras desafiarle en combate singular (nadie hasta la fecha se había atrevido) y demostrar su valía pese a la derrota, se convirtió en la mano derecha de Sártaron y capitán de sus ejércitos.
El sueño que tanto tiempo llevaba ansiando Sártaron estaba próximo: Unificar Mezóberran bajo una misma bandera. Unicamente le quedaba doblegar a los bárbaros borses, lo cual no fue difícil teniendo a su lado a todos los clanes arjones. Ahora Sártaron era el señor de Mezóberran y del Desierto Helado. Fue en aquella época, mientras se libraban las últimas batallas, cuando Sártaron ordenó construir dos magníficas fortalezas. Una fue Luhaue, donde se instruirían a la famosa Guardia del Terror; la otra fue Melle Mathere, donde fijó su trono.
Con toda su tierra unificada y conquistada, empieza a barajar la idea de no detenerse ahí. Los reinos libres como Onun, Cáladai y Páravon también podrían ser conquistados. Entonces comienza una campaña de tanteo, lanzando incursiones, sobornando a mercenarios y gente que ambiciona el poder, infiltrando a sus gentes entre los pueblos del sur... Pero descubre que los montaraces de Lagoscuro no lo subestiman y que lo vigilan de cerca. Incluso a sus oídos llega la noticia de que los altos elfos de Asuryon ya conocen su nombre. Sártaron asume que no podrá conquistar los pueblos libres si no es con ayuda externa.
Consigue sellar pactos con seres abominables como los orcos y los ogros, prometiéndoles carne humana y saciar la sed de violencia que siempre tienen estos seres. De igual forma, consigue instigar a los krull del bosque de Drawlorn para que tomen la revancha contra sus más terribles cazadores, los caballeros de Páravon. Incluso llegua a conseguir el favor de los aviesos elfos oscuros de Undraeth. Una vez más Sártaron demuestra que es más que un genio militar, consiguiendo crear un abominable ejército capaz de hacer temblar hasta los cimientos de la propia Tierra Antigua.
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Sobre Abel Murillo

Abel Murillo.
Presidente de la Asociación Cultural Lupus in Fabula (@AC_LiF).
Organizador del Festival de Fantasía de Fuenlabrada (@FFF_Fuenlabrada).
Autor del Legado de la Profecía (@LegadoProfecía).
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