Lédesnald el Regicida


                                                        Ilustración por Nacho Tenorio

Lédesnald es uno de los cuatro Señores de la Guerra de Sártaron, el gran señor de Mezóberran. Detrás de este guerrero, de apariencia refianda y atractiva (para ojos menos acostumbrados, se le confundiría con un elfo), se esconde un auténtico monstruo y psicópata temido y deseado a partes iguales.
Lédesnald el Regicida
Nacido en el seno de una famila arjona al sur de Mezóberran, el joven Lédesnald fue testigo de cómo su clan rechazó a sus progenitores por ser débiles y vulnerables, indignos de caminar entre ellos. Su padre, huyendo del antiguo rito que le obligaba a acabar con la vida de su familia y de él mismo para restablecer el orgullo perdido, decidió escapar llevándose con él a su mujer y su pequeño. Pero en la retorcida mente de Lédesnald no cabía la idea de la misericordia que su padre profesó. La familia huyó hacia el sur, donde se mezclaron con otros pueblos menos belicosos y más civilizados. Cuando Lédesnald hubo alcanzado edad adulta y sus condiciones físicas fueron las idoneas, decidió subsanar el error de su padre, y una fría noche de otoño mató a su padre a sangre fría y violó a su madre antes de darle muerte también.
Una vez restablecido el honor de su familia, vagó por aquellas tierras, vendiendo su espada como mercenario y aprendiendo a algunos estrategas y capitanes el arte de la guerra. Con esos conocimientos, Lédesnald decidió volver con su clan. Tras varias
conspiraciones, combates singulares y alguna traición, el arjón se hizo con el control del clan. Poco a poco, fue sometiendo a los clanes vecinos. Se decía que su cueldad no conocía límites, pues era acapaz de matar a clanes entros solo por el mero hecho de ver el sufrimiento reflejado en sus ojos. Los jefes de los clanes se arrodillaban ante él, presas del pánico que desataba la mera mención de su nombre.
Era tan deseado pese a su crueldad, que se decía que tenía un arem con las mujeres más bellas entre los clanes arjones. La que le importunaba o no le saciaba lo suficiente, no dudaba en ejecutarla.
Cuando escuchó las voces que hablaban sobre el avance imparable de Sártaron y de cómo los clanes se sometían y doblegaban ante su poder, consciente de que nunca podría acabar con el gran señor de Mezóberran, Lédesnald puso su espada y su clan al servicio y disposición de Sártaron, el cual, tras ver ese noble gesto, decidió incluirle dentro de sus hombres de confanza.
Dotado con una inteligencia y maldad que no conoce límites, Lédesnald es un lobo ávido de sangre escondido en la piel de un dulce y débil cordero.
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Sobre Abel Murillo

Abel Murillo.
Presidente de la Asociación Cultural Lupus in Fabula (@AC_LiF).
Organizador del Festival de Fantasía de Fuenlabrada (@FFF_Fuenlabrada).
Autor del Legado de la Profecía (@LegadoProfecía).
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