Fragmentos: Capítulo 3 de El Lobo Blanco

Ilustración de Lorenn Tyr
- ¿A qué os referís, mi señora? – preguntó incrédulo Glórophim.
Élennen miró a los ojos de Celdan largo rato, unos segundos donde reina y vidente compartieron una complicidad casi mística. Fue Celdan quien rompió el silencio.
- Creo que Su Majestad se refiere a la antigua profecía que pronosticaron los antiguos videntes y oráculos cuando marchamos del Continente Naciente, cuando se lo dejamos a los hombres como penitencia por nuestra bárbara guerra de secesión.
- ¿Te refieres a que esa profecía fue hecha cuando estalló la guerra entre nosotros y los seguidores del traidor Mathrenduil? – Elebrian ya no pudo aguantar más sin decir palabra.
- Yo conozco esa profecía bien – dijo otro elfo que, hasta el momento, había permanecido en silencio.
Todos se volvieron a él. Tenía un rostro sombrío y pálido. Su pelo era del color de la plata y sus ojos, que no se apartaban de los de la reina, eran oscuros y profundos, y en su interior albergaban una extraña sabiduría que resultaba inquietante. Su nombre era Faobereth, Señor del Bosque Perenne.
- Yo estuve allí el día que los videntes y oráculos de Nion auguraron la oscura hora que pronto acaecerá – prosiguió Faobereth. – Es la maldición de los hombres por su codicia, por sus ansias de poder. Y es nuestra maldición, por dividir nuestro pueblo.
- Me resulta irónico que, precisamente tú, Faobereth, que luchaste en la Guerra Élfica, nos culpes de separar a nuestro pueblo – soltó indignado Glorophim. – Bien sabes que fueron Mathrenduil y su madre la manipuladora quien nos dividió. Y si no me equivoco, el Traidor y sus seguidores arrastran ya los estigmas una maldición. No entiendo por qué el destino nos hace responsables de aquellos sucesos, y menos aún de la corrupta naturaleza de los hombres. No tiene ningún sentido.
- Sí tiene sentido, Glórophim – respondió Élennen, volviendo a reinar el silencio. – Los hombres son de voluntad débil y fáciles de seducir, pero nosotros hemos pecado de arrogantes y soberbios, creyéndonos sabedores de lo que es bueno o malo, subestimando a otras razas y pueblos.
- Existen fronteras que no conocemos entre el bien y el mal – apuntó Faobereth.
- Pero, ¿por qué pagar un precio tan alto por culpa de los hombres? – insistió Glorophim.
- No es culpa de nadie, Señor de Ilethriel – intervino Celdan severamente. – Es el destino que así lo ha dispuesto.
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Sobre Abel Murillo

Abel Murillo.
Presidente de la Asociación Cultural Lupus in Fabula (@AC_LiF).
Organizador del Festival de Fantasía de Fuenlabrada (@FFF_Fuenlabrada).
Autor del Legado de la Profecía (@LegadoProfecía).
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