Fragmentos: Capítulo 2 de El Lobo Blanco

Ilustración de Lorenn Tyr
  - Los ónunim son gentes desconfiadas que creen que los signos pueden proteger o destruir su reino. No es nada importante, Velthen. Olvídalo.
- Bueno, no creo que alguien se sienta amenazado sin motivo aparente. Yo estaría preocupado si viviera en Onun.
- ¿En serio? ¿Y por qué? – preguntó el anciano, con una media sonrisa en la boca.
- No sé... Quizá porque al norte tendría la visión de Mezóberran, porque al sur tengo una muralla que me separa de otros reinos como Cáladai... Ante un ataque de los clanes borses o de los arjones, serían los primeros en caer.
Dálfvar miró largo rato al joven herrero, como evaluando sus palabras. Se mesó la larga barba blanca, pensando durante unos segundos su respuesta. Velthen había tocado en alguna clave.
- Verás, Velthen, los ónunim llevan siglos conviviendo con Mezóberran como tierras vecinas. Se jactan de haber acabado con todas sus incursiones, y es difícil que les hagas entender qué clase de peligro puede acarrear el sentirse autosuficiente a la hora de plantar cara a los norteños. Por eso La Muralla y el puesto de Dür Areth los separa de Cáladai, porque ellos desprecian esa medida de seguridad que tomaron siglos atrás los Señores Regentes. No ven el peligro, son gente muy ruda y terca, casi tanto como los enanos. Prefieren morir a optar por una medida cobarde, a su parecer. La Muralla Septentrional los separa por iniciativa propia. Si tu fueras un onunim te preocuparían otras cosas, no la amenaza de invasión.

- ¿Como qué?
- Ya te lo he dicho, joven curioso – refunfuñó Dálfvar mientras apuraba el vino -, son gentes supersticiosas, que creen a pies juntillas la interpretación de los escritos, los vaticinios de los videntes elfos, las profecías. Creen que su vida o muerte está escrita y que no se puede cambiar. Te repito que son tonterías sin importancia a las que no debes prestar atención. Si tu padre se enterara de esta conversación, te prohibiría volver a verme.
- Seguro, y hoy más que nunca – dijo Velthen con pesadumbre. – Ahora parece empeñado en que busque esposa.
Dálfvar soltó una carcajada sonora, pero que no denotaba burla ni sarcasmo. Velthen sabía que muchas de las opiniones y ocurrencias de su padre chocaban con las del viejo trotamundos.
- Sería una buena idea, sin duda – respondió el anciano. – Eres un gran partido para las jóvenes doncellas de Thondon.
- Oh, no, Tú también, no, Dálfvar. He tenido suficiente con mi padre y mi madre. No necesito consejos de cómo encauzar mi vida – soltó Velthen enfurruñado.
- ¿No? ¿Y qué tipo de consejos necesita el apuesto y disponible joven herrero, conquistador de vírgenes? – rió Dálfvar.
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Sobre Abel Murillo

Abel Murillo.
Presidente de la Asociación Cultural Lupus in Fabula (@AC_LiF).
Organizador del Festival de Fantasía de Fuenlabrada (@FFF_Fuenlabrada).
Autor del Legado de la Profecía (@LegadoProfecía).
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