CÉLESTOR, KIGÍSTHÄEIEN KUTHÍSNEL

Ilustración de Nacho Tenorio

 De todos los atelden, sin duda Célestor el Invicto es el más conocido, respetado y admirado de todo Asuryon. La sangre de Ayrion el Fénix, el primer rey elfo, corre por las venas de Célestor, en cuya casa han nacido algunos de los más grandes soberanos entre el pueblo élfico. Es por eso que muchos de los atelden se preguntan por qué nunca ha sido elegido como Rey Inmortal. Pero Célestor nunca ha hecho caso de esas habladurías que siempre le han colocado como el preferido para llevar la corona. Es más, le molesta en sobremanera que entre propios y extraños se cuestione la venerabilidad de su rey Thil Ganir.

Célestor en Invicto
Ya siendo un joven elfo, demostró sus grandes dotes militares, y su capacidad de liderazgo al frente de los ejércitos hizo que pronto se ganara un puesto como capitán de la Guardia Real, los famosos Kurthlénthëpi. Sus victorias se cuentan por centenares, y nunca conoció derrota. Fue por esto que el propio Thil Ganir decidió nombrarlo Paladín Real y su mano derecha.

Cuando Célestor lidera las tropas élficas, su voz es la de los reyes, y nadie pone en tela de juicio sus decisiones. Tras ser nombrado Paladín, Célestor se vio obligado a pasar mucho tiempo en la corte, y ello le llevó a tener una estrecha relación con la Reina Imperecedera Élennen. El valiente elfo quedó fascinado con su soberana, sintiendose poco a poco más atraído por ella. Fue entonces, cuando una incursión elfa oscura logró llegar a Válindel, cuando nació el amor entre ambos.

Mientras Thil Ganir comandaba las tropas para expulsar a los varelden, Célestor y Élennen consiguieron huir, no sin derramar la sangre enemiga cuando intentaban acabar con la vida de la reina. Cuando todo pasó y el romance se fue fraguando, ocurrió lo inevitable. En una tarde de primavera, Thil Ganir fue a los aposentos de Élennen y descubrió yaciendo a su lado a su Paladín.

Avergonzado, Célestor puso su vida en manos de su rey, pero Thil Ganir no quiso castigar de forma alguna a Célestor. Quizá por miedo a crear una segunda guerra civil o quizá porque era consciente de que Élennen solo sería feliz con él. Pese a todo, ambos amantes sellaron un pacto donde ninguno de los dos debería ceder ante el amor que se profesaban, pues el equilibrio de todo su pueblo podría estar en juego. Solo por esto, Célestor soporta una pesada carga y un triste dolor inmortal e inmperecedero que solo la muerte bajo la espada enemiga puede curar.
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Sobre Abel Murillo

Abel Murillo.
Presidente de la Asociación Cultural Lupus in Fabula (@AC_LiF).
Organizador del Festival de Fantasía de Fuenlabrada (@FFF_Fuenlabrada).
Autor del Legado de la Profecía (@LegadoProfecía).
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