Sobre razas y criaturas



Si tuviese que destacar algo que realmente me guste del género fantástico son cantidad de criaturas que habitan por sus mundos. Desde los elfos de Tolkien hasta los Otros de Martin siempre he sentido fascinación por el transfondo e historia de seres que cohabitan con humanos no tan diferentes de nosotros. Por eso he de admitir que esta fase de selección y creación de razas fue de más divertidas.


Cuando empecé a concebir la idea de El Legado de la Profecía siempre tuve claro que quería una historia de fantasía épica clásica, sin pretensiones y sin querer reinventar el género. Siempre he disfrutado mucho con los grandes clásicos y con todos los elementos que los rodean: elfos, enanos, dragones, orcos... En realidad, creo que aunque muchos renieguen de los estereotipos estos son el sustento que a alimentado en muchos de nosotros ese amor hacia la fantasía. Por lo tanto, jamás dudé de que esas criaturas, esos seres que me habían hecho disfrutar tanto en el sofá de mi casa mientras devoraba páginas y páginas de sus aventuras, tenían que aparecer en mi saga.
Quizá el primer escollo que se me planteó fue que, si bien quería que ciertas razas y criaturas aparecieran en ELDLP, tampoco quería calcar los patrones que rigen los mismos en otras obras. No es que tuviera un motivo concreto para hacerlo, pero supongo que tampoco quería tener todo tan fácil, y me propuse restructurar sociedades y ciertos patrones que no me acababan de convencer, o que no encajaban bien con el tipo de historia que quería crear (algo un poco más oscuro que el resto de clásicos, donde se centran en el bando del bien y en cómo consiguen derrotar a las fuerzas oscuras). Mi historia tenía demasiados frentes abiertos, demasiadas líneas argumentales como para centrarme en un una sola fracción de la misma. De modo que había que sacar algo bueno de lo malo y algo malo de lo bueno.

Contrariamente a lo que muchos piensan, mi fuente de inspiración en el campo de criaturas y razas no fue El Señor de los Anillos, sino que bebí directamente de fuentes como Dungeons & Dragons y Warhammer. Del primero me llamó mucho la atención la inmesa variedad de su bestiario, donde casi toda criatura posible de imaginar tenía cabida. El segundo lo conocía más, ya que soy coleccionista y pintor de miniaturas Warhammer. De hecho, la verdadera influencia de mis razas se basa en lo establecido en los reglamentos de este juego de estrategia y rol. Los elfos están divididos en varios subgrupos, los hombres rivalizan entre ellos, los enanos son desconfiados y vengativos y el resto de criaturas no son simples amasijos de músculos y mala baba. Son seres con inteligencia ladina, capaces de arrasar una ciudad con el salvajismo que se les otorga pero, a su vez, capaces de liderar y someter a clanes rivales para que luchen bajo sus estandartes.


















No quise crear nuevas razas, pues me parecía enrevesado y complicado para los lectores, a los que muchos tienen que presentar a sus nuevas criaturas con tediosas descripciones que ralentizan el ritmo de la historia. Consideré que, al ser un autor novel y poco conocido, lo mejor era empezar con algo fácil de identificar y asimilar, de ese modo tendría más margen para centrarme en otras cosas como la propia historia o los personajes. Me permití la licencia de crear a los krulls, basados en los hombres bestia de Warhammer. Salvo por el nombre, en esencia vienen a ser lo mismo.


Creado ya el bestiario, lo único que me quedó fue colocarlos en el mapa. No fue complicado: enanos a las montañas, elfos silvanos a este bosque estrategicamente colocado, bárbaros al Desierto Helado... Las piezas encajaron perfectamente en poco tiempo, y yo no pude evitar esbozar una sonrisa de satisfacción al ver que mi mundo ya estaba habitado. Ahora solo tenía que buscar a los protagonistas... Pero de eso ya hablaremos en un próximo post...


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Sobre Abel Murillo

Abel Murillo.
Presidente de la Asociación Cultural Lupus in Fabula (@AC_LiF).
Organizador del Festival de Fantasía de Fuenlabrada (@FFF_Fuenlabrada).
Autor del Legado de la Profecía (@LegadoProfecía).
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