Las Raíces

 Supongo que la mejor manera de comenzar con esta andadura que será este cuaderno de vítácora de escritor que hoy inauguro, es remontándonos a los añorados años 80. Entonces yo no era más que un crío que con suerte llegaba a los 6 años, pero recuerdo aquella época como si fuese ayer por la calidad de las series infantiles y dibujos animados que echaban por los dos únicos canales que teníamos.
Soy de la generación que aprendió con Barrio Sésamos y Que Viene Muzzy, los que para mí son y serán los mejores programas educativos que se han realizado hasta la fecha. Pero, al margen de que yo me sentara cada tarde para ver estos programas con un buen trozo de pan con chocolate para merendar, hubo un par de series que llamaron mi atención poderosamente, sembrando en mí lo que más tarde se convirtió en un pilar en mi vida. Estas series eran Ulises 31 y la magistral Dragones y Mazmorras.


De la primera, hasta ya bien entrada mi adolescencia, y con el fenómeno internet pegando fuerte con las descargas, no conservarba más que vagos recuerdos. Está claro que, para que mi cabeza guardase imágenes difusas de aquellos dibujos japoneses durante tantos años, alguna tecla había conseguido presionar en mí. Dragones y Mazmorras, por el contrario, sí que la recordaba con total nitidez, al ser yo un poco más mayor. Quizá el impacto de la serie no nos es muy conocido, pero hay que decir que nunca antes se había emitido algo así. Un mundo fantástico llenos de seres extraños... Así decía la canción y realmente no mentía. Dibujos animados de aventuras, con criaturas magníficas, con personajes carismáticos, estéticamente muy trabajada para la época... Y ese Venger al que todos temíamos y admirábamos!


Aquella seríe supuso un gran paso en mi camino a la fantasía, aunque yo ni siquiera lo sospechase. Es injusto enfocar el género solo y exclusivamente hacia la literatura, es hipócrita decir que nuestras primeras fuentes de inspiración fueron los libros... Para un niño todo es visual, y aprendemos a ver antes que a leer. Por eso mismo, mucho antes de que un libro de fantasía cayese en mis manos, yo me empapaba de todo aquello que tenía que ver con ello a modo de imágenes. Primero dibujos animados y luego películas, y es que los 80 fueron, en ese sentido una gran edad de oro: Robocop, Willow, Alien, Depredador, Legend, Cristal Oscuro, Dentro del Laberinto... Y un sin fin de películas que se convirtieron en la pesadilla de mis padres, a los que martirizaba cada tarde proyectándolas una y otra vez en nuestro video VHS.


Pero de todas aquellas películas, las que más me marcaron fueron la trilogía de Star Wars. Supongo que a nadie de mi generación, medianamente friki, se les pueden pasar por alto. Aquella respiración de Darth Vader aproximándose tras haber capturado a la princesa Leia, las espadas láser, los grandes maestros Yoda y Obi-Wan... Y aquella frase... Yo soy tu padre...   Estaba claro que aquello era mi vida. El friki que había en mí había emergido.

Fue en mi época de estudiante de instituto cuando conocí El Señor de los Anillos y el mundo de los juegos de rol. He de decir que jamás he llegado a jugar una partida entera, ya que siempre he tenido la mala suerte de no contar con maestros de partida experimentados. Tan solo era un chaval que se juntaba en la calle con los compañeros de clase y, más que rolear, ojeaba los libros y sus ilustraciones, memorizaba sus razas sus cualidades. Era posible crear algo tan grande? Desde luego, y eso lo iba a encontrar en la literatura.

No recuerdo cómo llegó a mis manos un ajado ejemplar de El Señor de los Anillos, ni recuerdo quién me lo prestó, pero desde aquí quiero estarle eternamente agradecido por aquel gesto, que fue el que me abrió las puertas a la lectura. Perdí demasiadas horas de estudio para invertirlas en aquel tocho de mil y pico páginas, se convirtió en mi libro de cabecera, en mi refugio. Ansiaba salir pronto de clase para correr a mi casa y volver a sumergirme en la Tierra Media, acompañar a Frodo en su aventura... Me lo devoré en menos de nos semanas y me quedé un poco vacío. Ya había acabdo aquella aventura. Habría alguna más? Pronto supe que mi camino acababa de empezar.

Las recomendaciones que me llegaban eran libros que todos hemos leído y que consideramos claves dentro de nuestras particulares bibliotecas de fantasía y ciencia-ficción: Dragonlance, El Elfo Oscuro, Añoranzas y Pesares, Crónicas de Narnia, Crónicas Vampíricas... Demasiados libros por recordar! Todos y cada uno de ellos me abrían las puertas a un mundo nuevo, a una gran aventura... Yo quería algo así para mí! Quería vivir y crear mi propia aventura.

La edad del pavo dejó durante un lapso de tiempo indeterminado aparcado mi interés en en género y sus obras, si bien hay que decir que siempre lo tuve presente. Durante una época permaneció ahí dormido, aletargado bajo el creciente interés que suscitaba en mí la música, los amigos, los bares y las chicas, esperando una señal para volver a aparecer con ánimo y fuerzas renovadas. Y lo hizo! Vaya si lo hizo!

En Diciembre del 2001 se estrenó uno de los proyectos más ambiciosos y esperados en la historia del cine. La primera parte de la trilogía de Tolkine, El Señor de los Anillos: La comunidad de Anillo, se estrenaba y yo estaba allí para no perderme lo que Peter Jackson quería mostrarnos. He de reconocer que, tras fiascos terribles como la espantosa versión de Dungeons& Dragons, acudía a la cita con ciertos recelos. Me defraudaría? El director de películas como Tu Madre se ha Comido a mi Perro estría a la altura de tan magna obra? A estas altura sobra decir que lo estuvo y con creces.

Cuando salí del cine estaba emocionado. Por fin se le ponía imagen a todo aquello que tantas y tantas veces había leído, de lo que tanto había hablado con amigos y familiares. Aquello era la magia de la edad moderna. Aunque sé que me granjearé muchos enemigos entre los más puristas de la obra de Tolkien, he de decir que las películas me han ayudado a amar más si cabe esos libros de mediados del siglo pasado, a leerlos de nuevo pasados unos años y volver a saborear sus páginas, encontrar nuevos matices, sacar nuevas conclusiones... 

Aquel estreno y toda su repercusión fueron el detonante de mi decisión de crear mi propia saga de fantasía. Tolkien había marcado el camino y muchos le habían seguido. Era mi turno de darle al maestro entre maestros las gracias por ser fuente de inspiración y ejemplo en tantos y tantos aspectos en cuanto a la literatura se refiere. Y qué mejor homenaje que escribir para SU género? Era el momento de narrar mi propia historia.


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Sobre Abel Murillo

Abel Murillo.
Presidente de la Asociación Cultural Lupus in Fabula (@AC_LiF).
Organizador del Festival de Fantasía de Fuenlabrada (@FFF_Fuenlabrada).
Autor del Legado de la Profecía (@LegadoProfecía).
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